Junio 23, 2008...2:53 pm

Papeles en juego y el juego de los papeles.

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Aprovechar de las contradicciones, exacerbarlas, alimentarlas, nutrir los complejos y las medias verdades como las medias mentiras y luego encogerse de hombros diciendo que la culpa es de otro, todo esto parece constituir la política europea sobre inmigración.

Pongamos un ejemplo para hablar claro.

No podemos hablar mal de los inmigrantes porque son necesarios para le erario publico, para la seguridad social, porque macro-económicamente hablando son necesarios.

No podemos hablar bien de los inmigrantes porque son una solución fácil a cualquier repunte de criminalidad o si lo preferimos porque se puede concentrar sobre este segmento de población al inseguridad ciudadana,. Por otro lado esa sensación de inseguridad se la nutre y alimenta según sea necesario en cada momento. Por tanto si podemos manipular la cuestión según sea conveniente enfocando sobre el micro (la vivencia cotidiana) o sobre el macro (lo que no se ve de tan grande pero se vive en lo micro, por lo general). Este cinismo permite encarcelar (este es el término exacto si miramos el resultado de la acción) pasándonos por la entrepierna cualquier convención o idea del estado de derecho: no son ciudadanos de nuestros estados de derecho, por tanto no tienen ningún derecho.

Podemos explotar las diferentes competencias y responsabilidades para dejar sin efecto muchas medidas, excepto las más directamente represivas: hablamos de problemas de repatriación o de reconocimiento de derechos de asilo, que es como hablar de aquellos que no queremos y de aquellos que no deseamos encontrar para no contrariar. El resultado final es, en buena medida y por lo general, una derroche de tiempo, esfuerzos, recursos económicos, que sin embargo parece imposible destinar a la integración.

La pregunta pertinente es ¿por qué no? La respuesta es por necesidad impertinente porque no basta adosar toda responsabilidad a los diferentes niveles de gobierno, del local al europeo. Debemos preguntarnos en que medida nuestra desidia o nuestro propio talante no juega a favor d e este estado de cosa, qué participación activa o pasivo tenemos en todo ello. En el juego en que se reparte los papeles las dinámica tiende a ser muy fluida y los actores se cubren con muchas máscaras, más por comodidad que por convicción espero, aunque soy consciente de que es una excusa fácil y manida.

Os pregunto, ¿cuántas categorías de ciudadanos estáis dispuestos a soportar y por qué creéis que no estaréis vosotros en la última categoría?

1 comentario

  • Es una buena pregunta! Mientras estemos cómodos perteneceremos a la primera categoría pero cualquier decisión política y económica (expropiación, especulación) nos sitúa rápidamente en la cola del paro, en la calle o en la precariedad económica… La cuestión que me surge pensando en la palabra ciudadano es que los que se arriesgan y no traen los papeles en regla no son considerados tal cosa; rápidamente se convierten en delincuentes. “Delicuente -superviviente…”


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