Me he tomado mi tiempo para leer la propuesta de ley de consulta popular presentada por el lehendakari..
Dejo a parte a retórica, que por otro lado es su mayor parte es tan sobada y manida y tan clara que no dan ganas ni de analizarla, aunque advierto que algunos exageran sacando conclusiones forzadas.
Me atengo al contenido, porque que se quiera o no pone muchos e interesantes problemas, incluso a los defensores de esta propuesta.
La crisis de la representacion.
Tiene razón el lehendakari cuando dice que no es dramático consultar a la población, sino todo lo contrario. Todos nosotros solicitamos de una u otra forma que la democracia no se limite a un proceso electoral recurrente. Nadie niega que la soberanía reside en el pueblo, pero…
En efecto, la negación de validez, bajo cualquier perfil, de la consulta se tiñe de un color siniestro. La desconfianza de las formas institucionales de la política generan unas sombras inquietantes: ¿qué valor se puede dar a unas elecciones bajo este prisma? ¿la democracia como modus vivendi acepta que se apliquen distintos metros, distintos reconocimientos de valor según sea el resultado o la cuestión? ¿abriamos aceptado una posición similar para algo tan radical como fue el referéndum sobre la OTAN? Se abre una distancia entre una mayor participación ciudadana y los partidos que representan a los ciudadanos. Es inevitable que, en la medida en que las expectativas, las necesidades, las intenciones, los planes de los ciudadanos no coincidan con los de los partidos esta sensación está destinada a crecer. Los efectos de tal abismo pueden verse sin esfuerzo en la situación italiana.
Tiene razón el lehendakari cuando dice que lo que se tiene delante no es una cuestión jurídica sino política y me parece que existe una generalizada obstinada forma de no resolverla que consiste en querer ver la política en sus formas institucionales, sociales y ecónomicas, y no en su substancia, esto es no reconociendo su carácter dialéctico. La consulta es legítima.
La incerteza del resultado y lo no dicho por el lehendakari.
Esta es la otra cara de la moneda de un discurso necesariamente relleno de huecos.
Y es que el citado discurso es solo una declaración de intenciones. Intenciones notables, pero…
Este el principal problema para quien se opone a la consulta (y teme) es el resultado; si el resultado fuese cierto de rechazo, ni se habría propuesto la consulta ni nadie se opondría, pero es justamente este juego sobre la incerteza del resultado y de sus implicaciones que exaspera y caldea el clima. La gestión del riesgo no es un fuerte de la política, que por lo general lo que pretende es atenuarlo y eliminarlo si es posible a menos que, como en las apuestas, no suponga el riesgo la esperanza de un gran botín.
No hay nada escrito sobre lo que puede suceder después de la consulta, nada sobre lo que puede querer decir “poner a ETA en su sitio”. Lo no dicho no es solo el desconocimiento del futuro y la aceptación de la incerteza que se une a la dialéctica, no es solo la apertura mental a todas las posibilidades, es también a creación de un margen sin compromiso. Otro riesgo difícilmente aceptable para quien no está a la cabeza de las instuticiones y no podrá dirigir o condicionar el desarrollo futuro. Esto mismo es lo que constituye la esperanza del botín del lehendakari: la posibilidad de cerrar el paso al accesso al gobierno vasco a la oposición durante algunos lustros porvenir. La paradoja es esta: alimentar la participación popular para eliminar la participación de los representantes.
Los mayores riesgos entonces son dos: terminar por ahondar una crisis de la democracia representativa sin tener un plan para salvarla; apuntalar la democracia representativa separándose de la voluntad popular.
Una tercera paradoja
La parte para mi contemporáneamente comprensible e incomprensible es la que da vida a esta consulta. Y reconozco que aquí la retórica del lehendakari es más sutil.
La voluntad postrera es la de una convivencia feliz, decidir vivir juntos. Justo es decir que para convivir hay de poder decidir hacerlo y que cualquier otra posibilidad es una imposición: no hay que pensarlo mucho, de lo colectivo a lo personal podemos estar de acuerdo con esta afirmación. ¿Convivir con quien? Esta es la pregunta que no tiene respuesta. La ambigüidad no es solo la expresión inteligente de la incerteza del resultado, es también in-expresión de la propia voluntad. Sin embargo no es posible juzgar las intenciones, menos aun si son ambiguas y es justo.
La cuestión de fondo, obvio, es con quien se quiere vivir, con quien decidir estar y por exclusión con quien no. Y es este el punto doloroso, es aquí que hemos llegado y la comprensión no alcanza. La idea de separación, consensuada o menos, implica una voluntad de difeenciación, de consittución de la propia identidad por oposición, el rechazo a la división y al acuerdo, la intención de crear una homogenidad social. ¿Cómo gestionará, conceptualizará y vivirá la inmigración una sociedad que no desea compartir su destino sino consigo misma? La incerteza asoma de nuevo. No podemos ni debemos negarles esta oportunidad a los vascos, no porque ellos tengan derecho, que lo tienen, sino porque no lo tenemos nosotros para impedirselo. Podemos pedirles que lo pienses bien, que están decidiendo mucho más allá de lo evidente.

3 comentarios
Julio 9, 2008 a las 8:53 am
Me atrevo a comentar uniéndome a un primer deseo: que la democracia no se limite a un proceso electoral recurrente y que podamos decidir las acciones importantes de nuestros gobiernos. Me encantaría que fuésemos los ciudadanos y ciudadanas los que decidiésemos las modificaciones de leyes sociales, medidas económicas y sociales…
Ignoro si la consulta del lehendakari es legítima respecto a nuestra constitución estatal. Claro que se me olvida que no es posible un “nuestra”; como decías, se desea la diferenciación y la no pertenencia a la nación española. No me preocupa la desmembración de España pero me resulta muy triste que en tiempos de apertura y mundialización el deseo de autodeterminación e independencia sea tan fuerte. Supongo que la mundialización sólo es posible por intereses económicos y no por identificación con lo humano. No comprendo por qué no pueden convivir las diferencias en un conjunto sin necesidad de un reconocimiento político que las diferencie. ¿Es tan incompatible ser vasco y español? Reconozco mi distancia y mi ignorancia respecto al sentimiento nacionalista.
Julio 9, 2008 a las 11:55 am
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