Con un mundo editorial en crisis económica e identitaria (cierran las revistas, los periódicos buscan nuevas formas de publicación, las editoriales en vías de hipersegmentación y experimentación) desde Italia llegan malas noticias.
El noto Premio Grinzane está oficialmente paralizado tras la acusación y encarcelacion de su gestor por malversación de fondos (los del premio) y abuso sexual. La dimisión del jurado italiano y la posición de alerta de la región Piemonte, principal financiador, deja todo en el aire. Todo menos la calidad de los premiados, menos la dimensión culrual y también, sobre todo, mediática del premio. El escàndalo es mayúsculo. Quizá es su fin como muchos por estos lares ya vaticinan.
Otro premio italiano, el Strega, conoce también días difíciles. El jurado se divide, la premiación se coloca bajo el dedo acusador de los favores y las presiones de las editoriales, las camarilas intelectuales, acuerdos clandestinos e ilícitos. Todos estos los ingredientes de la bullabesa. Natural en un premio elefantiásico dice Ermanno Rea en La Stampa de hoy. Aparecen así acusacones de “perdedores” del premio y la defensa uda de los ganadores.
Y en casa las cosas no están mejor. Solo hay que acordarse del escándalo de plagio de Villena o las sospechas que jamás in escritor nobel ganará el Planeta o el Herrale por muy bueno que sea.
Quizá la cuestión es que no se trata ya de cultura sino de negocios, no se trata de calidad literaria sino de mercado.
¿Adiós a los premios?

