Podría recurrir a los tópicos y decir que sobre el precio del e-book se han vertido ríos de tinta, lo cual sería bastante cierto pero aportaría bastante poco.
Resumo en dos untos emblema el orden de problemas que hasta ahora he leído sobre el e-book:
Resumo en dos untos emblema el orden de problemas que hasta ahora he leído sobre el e-book:
- los lectores no están dispuestos a pagar un e-book un precio que supere $ 9,99, pues para muchos el e-book es una formato asociado a la consigna gratuita de informaciones, no de literatura o ensayo, sino con un corte manualístico y comercial.
- parte de los editores rechazan la idea ue producir un e-book sea más barato que producir un libro en papel, viendo el formato electrónico como otra forma del libro ya existente.
- algunos editores creen que el e-book representa una merma, una forma en que se pierde el control del público y se reducen las entradas.
Al parecer en mundo editorial se dabte sobre el coste del libro en si y la percepción del valor del libro en formato digital, lo que situa el libro digital como una versión del de papel más que como un formato especfico. Por otro lado hasta el momento los estudios sobre est cuestión se centran en el mercado editorial americano, lo cual es también una distancia geográfica y cultural respecto al libro, su venta, su compra y su disfrute (sutil pero real). Así pues la diferencia quer eside, al parecer, solo entre el ejercicio comercial del editor y el valor percibido del lector/comprador resulta ser, si bien se examina muy parcial y contradictoria, confusa, porque editores y lectores no están indicando, con cierta frecuencia, el mismo objeto.
Ahora bien, exists sin embargo otro mundo entorno al e-book, uno paraeditorial (por llamarlo en algún modo). Como he dicho, el e-book se asocia a la gratuidad dentro de una política comercial o dentro de una política tout court de divulgación. Es en ese ámbito en el que se produce otro choque: los mercaderes, la firmas (de casi todos lo tamaños) o otorgan valor a un libro que no está destinado a la venta o cuyo valor uitario es bajo. Un comprobación rápida de ello se puede obtener visitando los sitios de freelance. La variación de la cifra ofrecida por una e-book de 30 a 100 páginas va de 25 a 80 euros: por supuesto, calidad y éxito son una exigencia compredida en el precio.
El problema de percepción del valor se coloca está vez de la otra parte, de la del editor y aclarar si esto es por presión del lector o por decisión comercial es como debatir sobre quien fue primero, la gallina o el huevo.
Una cosa sin embargo es clara, el autor no gana. El autor parece quedar aplastado en esta dinámica en que no se discute para nada la calidad de lo escrito, su tenor, su intención y por supuesto su valor. Habría que pensar, quizá, que el e-book se va a convertir uan involuntaria carta tornasol de los derechos de autores, editores y lectores.
